En una de las tantas reuniones que tuvieron, Francisco Varela (el neurobiólogo) le mostró al Dalai Lama cómo funcionaba un electroencefalograma, y cuál era el registro en distintas situaciones. El Dalai Lama, siempre atento, preguntó cómo era el registro de una mente entrenada. Con cierto pesar, Varela le dijo que en Occidente no había nada parecido. Nadie entrena su mente.

Y lo cierto es que nadie nos enseña a pensar. Aprendemos por nuestra cuenta, lo mejor que podemos, pero dentro de los miles de pensamientos que tenemos durante el día hay algunos que son tóxicos y erróneos, son pensamientos que nos enferman. No tomamos conciencia de lo que pensamos y por ahí se desliza un pensamiento que es producto de lo que te decía tú papá. “Tú no sirves para esto”. Entonces pienso: “Yo no sirvo para esto”. Pero el pensamiento pasa tan rápido que no logro pesquisarlo. El problema es que como consecuencia de este pensamiento nos sentimos inútiles, tristes, deprimidos.

Si uno analiza los pensamientos que tiene la gente depresiva, se da cuenta de lo auto-agresivos que son. Los pensamientos son de maltrato constante incluso llegando a los improperios contra sí mismo, y claro uno se dice cómo esa persona no va a estar deprimida si está todo el día diciéndose eso. Por eso una de las primeras cosas que les digo a mis paciente, es que cambien su forma de pensar. Lo que piensas no es baladí. Al contrario, es de una importancia suprema. No se trata del pensamiento positivo, que fracasa ante la evidencia de la experiencia: el mundo no es color de rosa. Se trata de un pensamiento adecuado a la situación. Nuestros pensamientos deberían abrirnos puertas, no cerrarlas. Debería servirnos para avanzar y no ponernos un muro de fracaso delante de nuestras narices. No debemos olvidar que el cerebro está al servicio de la persona, no al revés. Hay un arte de pensar, una poesía, un entrenamiento como decía el Dalai Lama.

Ahora que estamos en cuarentena, encerrados en nuestras casas, el pensamiento adquiere una importancia esencial. Anoten sus pensamientos, porque eso es una forma de objetivarlos, de etiquetarlos, para que después sea más fácil el cambio. Un científico japonés, cuyo nombre no recuerdo, demostró cómo los pensamientos cambiar la estructura del agua (y nosotros somos 70% de agua).

Se trata al final de tomar conciencia. Quizá no lleguemos al nivel de un Budista Tibetano, pero es el primer paso hacia una vida más plena. Y yo, por lo menos, trato de hacerlo para darme ánimos frente a situaciones difíciles. Es una recomendación para todas las personas.

Dr. Roberto Salvatierra

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ENFERMEDAD, LENGUAJE Y PENSAMIENTO
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El entrenamiento de la menta es fundamental para lograr una mente fuerte y sana. Es por eso que el lenguaje y el pensamiento son factores clave para mantenernos sanos.
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